martes, 20 de marzo de 2007

Economía y naturaleza


BONANZA Y CRISIS DEL ORO BLANCO EN COLOMBIA 1960-1980 [1] ©


Por Yezid Soler B y Fabio Prieto
Libro publicado por Editográficas Ltda. Bogotá D.C. Agosto de 1982
Impreso por recomendación expresa del profesor Antonio García Nossa, fundador de la Facultad de Ciencias Económicas de la Unversidad Nacional de Colombia.

PRESENTACIÓN

El sector textil, pionero de la industrialización en Colombia y vanguardia de la misma durante gran parte del siglo, llegó a consolidarse gracias a la dinámica especial que le imprimió la actividad cafetera. Este proceso estuvo acompañado de otro no menos importante como lo fue la evolución de la economía algodonera que ha suministrado la fibra, insumo básico en la producción de telas. A su vez la industria textil ha impulsado el cultivo hasta llegar a colocarlo en los primeros lugares dentro de la agricultura del país.

En los años de auge el algodón, después del café, ocupó el segundo lugar en el valor de la producción agrícola nacional y en la generación de divisas por concepto de exportaciones; abasteciendo más de las dos terceras partes de la materia prima del consumo industrial textil y cerca de una cuarta parte de la industria de grasa y aceites. Igualmente el cultivo ha llegado a ocupar estacionalmente cerca de 300.000 trabajadores, a consumir el 70% de los productos agroquímicos del país y a absorber un 30% del crédito destinado al sector agropecuario.

Este notable grado de expansión y penetración alcanzado por el algodón en la economía colombiana obedece a factores internos y externos al cultivo y a la dinámica nacional e internacional que lo ha moldeado hasta llegar a adquirir una estructura particular.

Varios estudios y ensayos han abordado el tema en el mayor número de casos de una forma descriptiva, contemplando aspectos específicos o breves lapsos de tiempo que dan nociones fragmentarias y parciales del cultivo. En el siguiente trabajo, aunque no ha sido el propósito analizar todos los elementos relacionados con esta actividad, se ha buscado dar una idea global de su desenvolvimiento particularmente en las dos últimas décadas, dentro de una perspectiva económica-social.

Se pretende demostrar básicamente que el periodo comprendido entre 1960-79 la economía algodonera estuvo dinamizada fundamentalmente por los movimientos del mercado mundial y muy secundariamente por el crecimiento de la demanda industrial interna.

Aunque se seleccionó un periodo concreto y se ubicó el análisis del cultivo en Colombia, fue necesario retomar algunos aspectos globales que contribuyen a una mejor comprensión del objeto central de estudio. En esta perspectiva, se dedicó el primer capítulo a la ubicación histórica del algodón tanto a nivel mundial como nacional, buscando ligar los aspectos generales y las especificidades que se dan el país.

En el segundo capítulo se hace una descripción de la estructura del cultivo en 1960, año con el cual se inicia el estudio del periodo y que servirá como marco de comparación con la situación en la década del ochenta. En el tercer y cuarto capítulos se concentra, por así decirlo, la nuez de la investigación. En ellos se analiza la compleja dinámica que siguió el algodón en el transcurso de un ciclo que culminó en una de las peores crisis conocidas, la de 1977-1978, sobre la cual se profundizó aún más en detalle en la investigación.

En el capítulo quinto se presenta la situación de la economía algodonera en 1980, efectuando un análisis comparativo con el año base (1960) que permite ver de una forma mas clara los cambios que se operaron al término del periodo y las perspectivas en el corto y largo plazo.

La estructura del trabajo se constituyó a partir de información principalmente de tipo documental recogida en el transcurso de dos años y medio de labores. Además de los libros, ensayos e investigaciones sobre el tema se acudió a las revistas de las agremiaciones y algunos casos e informes directos de personal vinculado de una u otra forma al cultivo.

Se procuró resumir al máximo posible el instrumental matemático y estadístico tratando de dejar apenas el material suficiente para la sustentación del análisis. Además, con el fin de dar una mayor fluidez a la lectura, se eliminó el sistema de fuente bibliografica al pie de la página, acogiendo el sistema de referencia en paréntesis (Pardinas, 45). Las citas al margen se utilizan únicamente casos especiales ante la necesidad de explicar algunos detalles no incluibles dentro del texto.*

Esperamos con el presente trabajo contribuir a la profundización y difusión de un tema aparentemente poco importante, así como es nuestro deseo también, dejar sentadas algunas pautas que puedan servir para nuevos modelos de investigación en el área agrícola y también, aunque con sus limitantes, a nivel industrial y económico en general.

En la preparación del material que se presenta, fue muy importante la orientación e información que recibimos de personas que adicionando tiempo de trabajo a sus labores tuvieron la amabilidad y el interés de brindarnos algunos de los conocimientos que aparecen en el escrito. Nuestros agradecimientos al profesor John Vargas por las indicaciones para la elaboración del primer borrador, al profesor Salomón Kalmanovitz por los apuntes que contribuyeron a la ampliación del segundo borrador y al doctor Absalón Machado, nuestro director de investigación, por la revisión del tercer borrador y recomendaciones para la redacción del texto definitivo.

Damos también nuestro reconocimiento por la colaboración prestada al personal de la Federación Nacional de Algodoneros y en particular al doctor Jairo Cadena de la división de desmonte en Bogotá; a Guillermo Roland, inventor de desmote, a Jorge Amador, clasificador y al ingeniero agrónomo Jaime Silva en Aguachica (Cesar). Igualmente al doctor Javier Ramírez de FFA., a la doctora Cecilia de Hernández del CID, al doctor Carlos A. Patiño del Ministerio de Trabajo. En el Espinal (Tolima) al ingeniero agrónomo Jaime Ovalle, a Fernando Gómez del ICA y a Luis Oliveros de Coopaltol. En Gamarra (Cesar) a la licenciada Edilma Sarmiento y al ingeniero agrónomo Tomas Sampayo.

Igualmente la labor fue acompañada del aporte de Laura V. Caicedo, Maria T. Paez, Beatriz Soler, Nubia Serrano, Martha Rincón y Margarita Rozo, quienes contribuyeron al procesamiento de la información estadística y al trabajo de mecanografía. Por su dedicación y esmero no podíamos dejar de mencionarlas.

CONCLUSIONES
En medio de la gran variedad de fibras textiles disponibles en la actualidad, el rey algodón mantiene aún su predominio a nivel mundial.

Este privilegio no ha sido de siempre, ya que en materia de vestuario los primitivos pobladores utilizaron las pieles, los pueblos de la antigüedad y el medio evo el lino y la lana y tan solo fue en el inicio de la industrialización que llegó a portar el centro conservándolo a pesar de las grandes innovaciones en el procesamiento de las fibras químicas.

En Colombia el uso del algodón se remonta a los primeros años de nuestra era cuando germinaba en el marco de las relaciones comunitarias de las sociedades precolombinas, siendo ampliamente requerido en la confección de mantas de uso casero y personal. El algodón cultivado en las regiones aledañas en la cordillera oriental abasteció además de las artesanías indígenas, a múltiples talleres familiares que se originaron durante la vigencia del Imperio Español y con la aparición de la Gran Colombia, a las crecientes manufacturas del occidente y norte del país. En la apertura librecambista del siglo XIX, el algodón presento tal desarrollo que no solo abasteció el mercado interno, sino que incluso generó excedentes exportados demandados por las grandes metrópolis. De manera que el cultivo fue anterior a la aparición y desarrollo de la industria textil.

Con el origen de la gran industria y la implementación de políticas proteccionistas hacia el sector textil, la fibra blanca paso a ocupar un papel muy secundario, de cenicienta, hasta el punto de existir hoy en día la idea generalizada de un inicio reciente del cultivo situado alrededor de la década del treinta.

En estos años la producción algodonera se rezagó frente al enorme desarrollo textil, entrando el Estado a implementar algunas medidas para su expansión. En adelante los incentivos, aunque pocos, continuaron hasta llegar a intensificarse en la década del cincuenta cuando el cultivo nuevamente recuperó su antigua posición de gran abastecedor, enrutándose hacia el exterior tal como lo había hecho un siglo antes. A partir de ese momento el cultivo que ya había alcanzado una consolidación y alto grado de concentración, quedo sujeto a los vaivenes del mercado internacional.

En el transcurso de los dos decenios siguientes, el algodón amplió notablemente sus vínculos con el mercado internacional. De un lado se incrementaron las compras por concepto de productos químicos y maquinaria haciendo más sensible la estructura de costos a las fluctuaciones externas. De otro lado, la comercialización de la fibra quedó estrechamente ligada a las fluctuaciones de los precios y cuotas dependientes de la dinámica del sector textil y de las políticas de los países industrializados de Europa y Norteamérica.

Esta articulación del algodón colombiano al entorno mundial lo favoreció durante la fase expansiva que se prolongó por una década, que culminó en la gran crisis del sistema capitalista en 1975. Durante este periodo de auge y bonanza, la actividad relacionada con el cultivo fue tan rentable que al producto se le conoció en el país como el “oro blanco”. En estos años las agremiaciones ganaron un gran poder económico y político absorbiendo gradualmente toda una serie de funciones antes en manos del Estado, como la de la comercialización de las exportaciones, suministro de insumos, clasificación y desmonte de la fibra e incluso fijación de precios que llegaron a acordar directamente con los textileros.

La apertura a las exportaciones, al igual que el siglo pasado, desplazó el cinturón algodonero del interior hacia la costa, pero esta vez los departamentos que cedieron su lugar no fueron como antaño, Santander y Boyacá, sino el Valle y Tolima.

El cultivo que ha buscado preferencialmente zonas vírgenes, se desplazó también hacia el Meta y dio origen a dos nuevos departamentos, el Cesar y Sucre.

Sin embargo, la interrelación mundial se constituyó en un problema durante la fase recesiva por cuanto la demanda de algodón aunque no se redujo en los montos globales disminuyó su ritmo de crecimiento de manera que la actividad algodonera se fue haciendo menos rentable. Esta tendencia se profundizó en la cosecha de 1977-1978 con la conjunción de fenómenos relacionados con las plagas y una evolución desfavorable del clima, que ante la ausencia de programas entomológicos en gran escala y de sistemas extensivos y adecuados de riesgo condujo el cultivo a una de las peores crisis de su historia, con graves repercusiones no solo a un nivel económico, sino también ecológico y social.

En la década del ochenta, el cultivo atravesó por un periodo de ´convalescencia´ y es posible que se recupere como también es factible su decaimiento. Todo depende de la interrelación de múltiples factores. Un plan centralizado por parte del Estado o una o varias entidades nacionales podría contribuir a un mejor desenvolvimiento del cultivo. Al respecto, en ese periodo surgieron dos propuestas al interior de los gremios algodoneros: de un lado, la Federación ha venido planteando la necesidad de mantener una independencia en materia de precios, cuotas, asistencia técnica y fondos frente al Estado. Por su parte, representantes de la Costa impulsores de Conalgodón, ven la necesidad de apartarse del liberalismo económico y retornar la intervención estatal mediante la conformación de un fondo nacional de algodón, la creación de un instituto similar al IFA y la implementación de los precios políticos.

De otra parte, el cultivo se encuentra amenazado por el auge de las actividades ilícitas particularmente las relacionadas con la marihuana, que han desplazado cultivadores y jornaleros creando un clima de corrupción, violencia y muerte que se agravarán aún más cuando la “marimba” llegue a su ocaso.

A nivel internacional la situación es bastante inestable ante la ausencia de un fondo de existencias reguladoras que hacen de la fibra un producto expuesto no solo a las fluctuaciones de la oferta y demanda y consecuencialmente sus precios, sino también la intensa competencia de fibras químicas, particularmente las sintéticas. A este se añade la prolongación del ciclo recesivo en los principales países importadores.

Es posible que los cultivadores más eficientes dirijan su atención hacia el área socialista que actualmente constituye la mitad del mercado mundial, de donde los precios son relativamente estables por la existencia de fondos de compensación y la demanda es poco oscilante al existir una planificación con proyección hacia el futuro. La Federación de Algodoneros ha exportado fibra en alguna proporción hacia China Continental.

A largo plazo, en un futuro lejano es posible pensar que el algodón se siga utilizando pero esto dependerá de la de la evolución de la técnica y la sociedad en su conjunto. Probablemente la actual tendencia a la concentración industrial urbana comience a agotarse y se desarrollen núcleos urbanos que revindiquen las autonomías regionales, integren las diversas actividades productivas, utilicen tecnologías medianas y apliquen a estas esferas el conocimiento científico.

Si se tiene presente que las fibras químicas provienen de recursos naturales no renovables, de no descubrirse nuevos procesos para su producción perderán su importancia dejando nuevamente espacio a las fibras naturales, donde el algodón seria atendido mediante la aplicación de todos los adelantos de la ciencia.

Lo que resulta evidente es que el algodón no dejara de ser cultivado en muchas zonas del mundo y continuara satisfaciendo las necesidades textiles de la humanidad.

Aquí terminan los resultados de nuestro estudio. Esperamos de esta forma haber contribuido a ampliar la visión sobre un tema tan variado y complejo como es el relacionado con las prendas que hoy vestimos.
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PROLOGO POR ABSALON MACHADO C.
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El sector agrícola Colombiano viene siendo objeto de estudio desde varias décadas, tratando los analistas de desentrañar los secretos recónditos de una actividad productiva que se caracteriza por la incertidumbre y el riesgo, además de las fuertes vinculaciones que tiene con otros sectores económicos internos y con el mercado mundial. Esa atención de los analistas hacia el agro, que se ha acentuado en la última década cuando las políticas económicas han operado sobre la actividad agropecuaria sin resultados favorables, haciéndose visible la falta de una política agraria que adecue instrumentos apropiados para el manejo de la agricultura; lo cual ha conducido a agravar el problema agrario.
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El sector se ha venido sumiendo en una crisis insospechada, que solo ahora aparece en el panorama nacional como un incordio del sector productivo, causado tanto por factores internos propios de un desarrollo capitalista incontrolado, como por elementos consubstanciales al funcionamiento de un mercado mundial, donde los países productores de materias primas agropecuarias no tienen poder de negociación y deben someterse a las manipulaciones especulativas de grandes firmas comercializadoras que crean grandes incertidumbres a los productores. Si bien los análisis macroeconómicos del sector agropecuario son indispensables para visualizar la situación de conjunto del sector y sus interrelaciones con todo el sistema económico y el mercado mundial, mas lo son los análisis subsectoriales dentro de la actividad agropecuaria, porque permiten una identificación mas cercana de los problemas básicos que afectan un cultivo o el conjunto de actividades relacionadas con él.
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Se ha escrito mucho sobre el sector agropecuario colombiano, pero en una forma desarticulada, parcial y en muchos casos superficial. A un observador desprevenido lo puede sorprender ver en esos escritos sobre la agricultura, una repetición permanente sobre los factores causantes del atraso agrícola; los cuales se centran en temas como el crédito, la asistencia técnica, la investigación, los problemas de mercadeo, la carencia de políticas y estímulos y los bajos precios que se pagan al productor. Aunque los factores están en la esencia misma de la problemática agraria se les maneja descoordinadamente y sin ubicarlos en un contexto económico, político y social mas amplio que permita disponer de un panorama integral del problema.
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El mérito del trabajo de Soler y Prieto, consiste básicamente en la presentación de un enfoque integral de la economía algodonera, que además de analizar las coyunturas mas recientes, se introduce en un análisis histórico sobre el algodón que ayuda a despejar el camino de interpretación de la situación actual del cultivo. Casi podría afirmarse que el objeto de estudio no es tanto el cultivo del algodón en sí, es mas bien el de la agroindustria algodonera; es decir el desarrollo del capitalismo alrededor de un cultivo que esta vinculado tanto con la industria textil como con la producción de aceites, grasas y tortas oleaginosas, en una cadena de interrelaciones múltiples.
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Los autores de este trabajo aciertan en la descripción de los efectos que ha tenido la introducción del capitalismo en el campo alrededor del cultivo, mostrando las modificaciones que se han producido en las esquemas de tenencia de la tierra tanto en la Costa Atlántica como en los valles interandinos; los efectos sobre la distribución del ingreso, la heterogeneidad en la expansión de las tecnologías modernas; la convivencia de las grandes y medianas explotaciones agrícolas con una economía campesina que se resiste a su desintegración; la proletarización de la mano de obra; los efectos nocivos de la aplicación de los modernos insumos agropecuarios, los efectos de la mecanización, y la formación de poderes políticos regionales que se insertan en los aparatos del Estado pero que no siempre ha podido generar u originar políticas beneficiosas para el cultivo.
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Las pugnas entre algodoneros, textileros y productores de aceites y grasas también aparecen como elementos caracterizadores de las contradicciones e intereses de clase entre diversas fracciones de la burguesía. Pero ellas reflejan también la histórica contradicción que se presenta en el desarrollo capitalista entre la agricultura y la industria, o entre el campo y la ciudad entendiendo éstos como organismos económicos que representan una división y especialización del trabajo contradictoria. La intervención del Estado ha sido insuficiente para garantizar a estos sectores un funcionamiento apropiado, y sobre todo a los agricultores una permanencia constante en sus actividades.
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Otro de los factores importantes en la explicación del auge y descenso del cultivo algodonero en el país, es el institucional. Este elemento es la clave en muchos desaciertos de la política agraria más reciente, y desafortunadamente no se le ha dado la atención suficiente, pagando así la agricultura graves desaciertos en el manejo institucional del sector. El país tiene un ejemplo en el café que es fácil de usar para las comparaciones y aunque puede estar fortalecido por el hecho de representar una importancia indiscutible en la economía por su aporte a la generación de divisas y la acumulación de capital, es válido usarlo para comparar situaciones. Los cafeteros pudieron organizarse a partir de 1927 en un gremio unificado con una estructura sólida y un apoyo estatal definitivo que se reflejo en una verdadera concertación para el manejo de los asuntos cafeteros. .
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A través de esa política el gremio pudo sostener el cultivo, expandirlo y ubicarlo en las zonas óptimas de producción; generar su propia investigación y transferirla a los productores; organizar su propio sistema de comercialización interno y adaptarse a los mecanismos del mercado mundial; crear la infraestructura necesaria de almacenamiento y transporte; crear un fondo de estabilización y acumulación que ha sido la clave del éxito cafetero y adecuar mecanismos de financiación para las actividades cafeteras. Este andamiaje ha sido complementado con una estructura institucional centralizada en las decisiones, bajo un mando único que es el Comité Nacional de Cafeteros, donde se genera toda la política de precios, manejo internacional, relaciones con la política económica, etc.
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Los algodoneros aunque en un principio siguieron los pasos de los cafeteros, muy pronto cayeron en un caos institucional que se reflejó rudamente en las más recientes crisis del cultivo. La creación del Instituto de Fomento Algodonero en 1947 a iniciativa de las tres principales industrias textiles del país, fue un principio afortunado que permitió una expansión rápida del cultivo y una sustitución de importaciones convirtiendo al país en exportador de algodón a fines de la década de 1950. La creación de la Federación de Algodoneros fue también un paso adelante en la organización del gremio productor, pero desafortunadamente los intereses regionales empezaron muy pronto a pesar e interponerse a los intereses gremiales en si; produciéndose en 1965 la creación de la Corporación Algodonera del Litoral CORAL y luego Asocesar, Acualgodón, Asopemaco, y otras entidades regionales; lo cual se tradujo mas tarde en la existencia de cerca de 20 agremiaciones algodoneras que no pudieron ser controladas por la Federación de Algodoneros. La desaparición del IFA en 1968 cuando se reestructuró el sector agropecuario, la aparición de los mencionados grupos regionales de algodoneros y la falta de una conciencia gremial, fueron conduciendo rápidamente a un caos institucional en el cultivo, agravado por la incapacidad del Estado para dar suficientes recursos al ICA para que desarrollara permanentemente la investigación básica requerida por el cultivo.
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Ese caos institucional fue un elemento fundamental, que no ha sido suficientemente analizado y comprendido en la explicación de la crisis que hoy en día esta sumido el cultivo. Los algodoneros no fueron capaces de imitar a los cafeteros, pese que allí tenían el ejemplo de cómo una estructura organizacional, y una unidad gremial, pueden obtener del Estado una atención prioritaria y una política concertada y no formal que permita la permanencia y proyección de un cultivo en el ámbito nacional e internacional. Estas comparaciones siempre son odiosas, pero a veces arrojan elementos de juicio que pueden asperjar muchas mentes adormecidas por el tráfago del trópico.
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De 1965 a 1975 se presentó un ciclo de auge y bonanza algodonera en la cual confluyeron una serie de factores positivos internos y externos y en donde se puede visualizar una actitud positiva y rápida del Estado para atender los requerimientos de la economía algodonera; actitud que se diferencia fuertemente de la asumida en los años siguientes de crisis y casi desaparición del cultivo en el país. Explicar esa actitud no es fácil porque han sido muchos los elementos concurrentes para el fracaso de los algodoneros o del país en mantener este cultivo, que genera empleo para innumerables familias, en un país donde el desarrollo del capital se hace conviviendo con grandes masas de desempleados y subempleados.
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Hay factores económicos en esa crisis explicados con bastante claridad por los autores; pero también los hay políticos y estos deberían ser objeto de un mayor análisis dentro del contexto histórico que ha vivido Colombia en la última década. Hoy en día no existen dudas sobre la incidencia que ha tenido para la agricultura el modelo de desarrollo seguido por el país especialmente a partir de 1974, y su reflejo en una política económica que dejo exhaustos a los sectores productivos mientras las actividades especulativas financieras y del comercio florecieron y ascendieron en el panorama nacional. La aplicación del llamado monetarismo o de los postulados de la Escuela de Chicago, aún así haya sido parcial y moderada, en comparación a como se ha aplicado en los países del Cono Sur, ha producido serias fisuras en el aparato productivo de una economía débil como la Colombiana, y en una agricultura que tiene peculiaridades no siempre comprendidas y estudiadas por los encargados de tomar decisiones de política económica.
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Los autores se introducen en el análisis de las diversas causas que condujeron a la crisis mas reciente del cultivo y dejan entrever elementos valiosos para hacer un seguimiento del proceso de la crisis a partir de 1979. como es sabido tanto en 1980, como 1981 y 1982 la crisis de algodón continuo su camino hacia la sima de la catástrofe casi total, los autores dejan prever claramente que ese era el camino que le esperaba al algodón, dado el cúmulo de factores negativos que venían pesando sobre el y lo estaban empujando cuesta abajo ante los ojos de propios y extraños. La crisis textil, el auge del contrabando de telas, el estancamiento de la tecnología, el tráfico de drogas y marihuana en la Costa Atlántica, el aumento de los costos de producción, el mal uso de insumos agroquímicos, la política económica monetarista, la apertura hacia algunas importaciones de aceites y grasas; la falta de presencia del Estado en la orientación de los procesos productivos; el endeudamiento de los agricultores y la escasez de sus garantías ante el sistema financiero; la falta de una conciencia agraria en el país y de un espíritu gremial libre de regionalismos y politiquerías en los cultivadores, la imprevisión y falta de planeación, condujeron a la catástrofe algodonera; la cual permanecerá sobre la conciencia de muchos a manera de una arco rutilante suspendido en el trópico.
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Muchas lecciones deja esta historia para el país, ojalá ella no se quede simplemente escrita y los estudios del problema agrario pueden tomar como ejemplo el análisis que han hecho Yezid Soler y Fabio Prieto del cultivo algodonero, para seguir dilucidando los problemas del agro Colombiano y las tendencias visibles que permiten aplicar remedios a tiempo, antes que el paciente muera en espera de las ayudas y orientaciones de aquellos que tienen la responsabilidad histórica de promover el desarrollo económico y social del país.
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Notas del Libro

[1] Este documento puede reproducirse o citarse o parcial o totalmente, de acuerdo a los principios éticos, indicando autores, título y página en Internet.* En la referencia en paréntesis se ha reemplazado el apellido del autor por su número correspondiente que aparece al final en la lista bibliografica. En caso de publicaciones periódicas, por ejemplo las revistas de federaciones, el segundo número indica el correspondiente a la revista y el tercero, la página. 
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